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Guía de cuentos infantiles y sus personajes: tipos y arquetipos

Catálogo de los tipos de cuentos infantiles y de sus personajes arquetípicos: tono, edad orientativa y ejemplos para inspirar tu propia historia.

Si estás buscando un mapa de los tipos de cuentos infantiles y de los cuentos infantiles y sus personajes, esta guía es un catálogo de referencia. En la primera parte clasificamos las grandes familias de cuento (de hadas, fábulas, aventuras, vida cotidiana, buenas noches, acumulativos, populares y fantásticos) con su tono, su extensión y su edad orientativa. En la segunda recorremos los personajes arquetípicos —héroe, ayudante, antagonista, mentor, donante, embaucador— como un repertorio de piezas que puedes combinar al escribir.

No es un tutorial paso a paso. Para la arquitectura interna de la historia, consulta las partes de un cuento infantil; para dar vida a tus propias criaturas, cómo crear personajes para un cuento infantil. Aquí nos quedamos en la tipología: qué hay y cómo se llama.

¿Qué tipos de cuentos infantiles existen?

No hay una clasificación única y oficial. Los cuentos se pueden ordenar por su origen (tradicional o de autor), por su intención (entretener, enseñar, dormir) o por su contenido (maravilloso, realista, animalístico). Las categorías se solapan: un cuento de hadas suele ser también tradicional, y una fábula puede formar parte de la tradición oral. Por eso conviene tratar esta lista como un conjunto de etiquetas útiles, no como cajones estancos.

A efectos prácticos, distinguimos ocho familias que cubren la mayor parte de lo que un niño escucha o lee entre los 0 y los 12 años. Para situarte rápido, esta tabla resume tono, extensión y edad orientativa de cada una. Las edades son indicativas: dependen del niño, de la complejidad del lenguaje y de cómo se cuente.

Tipo de cuento Tono Extensión Edad orientativa
De hadas / maravilloso Mágico, simbólico Media 4–9 años
Fábula con moraleja Breve, didáctico Muy breve 5–10 años
De aventuras Trepidante, episódico Media-larga 7–12 años
De la vida cotidiana Cercano, emocional Breve-media 3–8 años
De buenas noches Calmado, repetitivo Muy breve 0–6 años
Acumulativo / encadenado Rítmico, lúdico Breve 2–6 años
Popular / tradicional Variable, oral Variable 4–10 años
Fantástico moderno Imaginativo, abierto Media 5–11 años

Cuentos de hadas y maravillosos

El cuento de hadas, o cuento maravilloso, está poblado de magia, transformaciones y reinos atemporales. Su tono es simbólico: los personajes encarnan ideas (la bondad, la envidia, la valentía) más que personalidades realistas. Suele abrir con una fórmula ("Érase una vez") y cerrar con la restauración del orden. La extensión es media y la edad orientativa, de cuatro a nueve años, porque el niño ya distingue lo imaginario de lo real y disfruta del símbolo.

Ejemplos de dominio común son La Cenicienta, Blancanieves, La bella durmiente o El gato con botas, recogidos en su día por Charles Perrault y por los hermanos Grimm. Para entender por qué estos relatos comparten un esqueleto tan parecido conviene mirar las partes de un cuento infantil: planteamiento, conflicto y desenlace casi siempre con un giro mágico.

Fábulas con moraleja

La fábula es un relato muy breve, normalmente protagonizado por animales que hablan y se comportan como personas, cuyo objetivo es transmitir una enseñanza moral explícita: la moraleja. El tono es didáctico y la economía es máxima; cada escena existe para sostener la lección final. Funciona bien de los cinco a los diez años, cuando el niño empieza a razonar sobre causas y consecuencias.

Los clásicos vienen de Esopo y, más tarde, de Jean de La Fontaine o, en español, de Félix María de Samaniego e Iriarte. La cigarra y la hormiga, La liebre y la tortuga o El zorro y las uvas son ejemplos de dominio común. La fábula es un buen molde para quien empieza a escribir: su brevedad obliga a la claridad y su estructura es transparente.

Cuentos de aventuras

Aquí manda la acción. El cuento de aventuras lanza al protagonista a un viaje, una búsqueda o una sucesión de pruebas, con un ritmo trepidante y a menudo una estructura episódica (un peligro tras otro). El tono es enérgico y la extensión, media o larga, lo que lo hace idóneo de los siete a los doce años, cuando crece la capacidad de seguir tramas con varios hilos.

Ejemplos clásicos en la frontera entre lo infantil y lo juvenil son La isla del tesoro o Las aventuras de Tom Sawyer. En versiones más cortas, el esquema del héroe que sale de casa, supera obstáculos y regresa transformado se repite una y otra vez. Es el tipo donde más brillan el ayudante y el donante, arquetipos que veremos en la segunda parte.

Cuentos de la vida cotidiana

Frente a la magia y la aventura, el cuento de la vida cotidiana se queda en lo cercano: el primer día de cole, los celos por un hermano, la pérdida de un juguete, una rabieta. El tono es realista y emocional, sin elementos sobrenaturales, y sirve como espejo para que el niño nombre lo que siente. La extensión suele ser breve o media y la edad orientativa, de tres a ocho años.

Buena parte del álbum ilustrado contemporáneo pertenece a esta familia, aunque muchos títulos están protegidos por derechos de autor. Como referencia de dominio común sirve el repertorio costumbrista y los cuentos populares de tono doméstico. Su fuerza está en la identificación: el lector se reconoce, y eso basta para sostener la historia.

Cuentos de buenas noches

El cuento de buenas noches no busca tensión sino calma. Su función es ritual: acompañar el tránsito al sueño. De ahí su tono sosegado, su lenguaje suave y su frecuente uso de la repetición y de finales tranquilizadores. Es muy breve y abarca la franja más temprana, de cero a seis años, incluyendo a quienes aún no leen.

El ejemplo arquetípico es cualquier relato que termina con el personaje yéndose a dormir, arropado y seguro. Muchas nanas y retahílas tradicionales cumplen esta misma función. Aquí el conflicto se reduce al mínimo a propósito: nada debe excitar al oyente justo antes de cerrar los ojos.

Cuentos acumulativos y encadenados

El cuento acumulativo construye la historia sumando elementos que se van repitiendo y encadenando, de modo que cada nueva escena recita todas las anteriores y añade una más. El tono es rítmico y lúdico, casi musical, y la repetición ayuda a la memoria y a la participación: el niño anticipa lo que viene y lo corea. Es ideal de los dos a los seis años. La extensión es breve aunque la sensación sea larga, por la acumulación.

Ejemplos de dominio común son La gallina Marcelina (o El gallo Kiriko), la canción-cuento de La granja y, en la tradición anglosajona, The House That Jack Built. La fórmula encadenada también aparece en muchas retahílas. Es un tipo muy agradecido para leer en voz alta y para inventar variaciones con el propio niño.

Cuentos populares y tradicionales

Bajo esta etiqueta cabe todo el caudal de la transmisión oral: relatos sin autor conocido, transmitidos de generación en generación y fijados después por recopiladores. Incluye cuentos de hadas, de animales, de listos y tontos, de costumbres, mitos y leyendas locales. Por eso el tono y la extensión son variables; lo que los une es su raíz colectiva y sus múltiples versiones. La edad orientativa abarca de los cuatro a los diez años, según el relato.

En español pensamos en lo recogido por Fernán Caballero o por Aurelio M. Espinosa; en el ámbito internacional, en las compilaciones de los Grimm o de Andersen (este ya autor, pero con un pie en lo popular). Conviene recordar que la frontera entre cuento popular, mito y leyenda es porosa, y que un mismo relato viaja con nombres y finales distintos según la región.

Cuentos fantásticos modernos

El cuento fantástico moderno comparte con el maravilloso la presencia de lo imposible, pero nace de un autor concreto y a menudo dialoga con el mundo contemporáneo: juguetes que cobran vida, mundos paralelos, animales con oficios, objetos mágicos en una ciudad actual. El tono es imaginativo y los finales pueden quedar más abiertos que en el cuento de hadas clásico. Funciona bien de los cinco a los once años.

Como referencia de dominio común sirve Pinocho, de Carlo Collodi, o El patito feo, de Andersen. Buena parte de la literatura infantil de autor de los últimos cien años entra aquí, aunque la mayoría de los títulos recientes están sujetos a derechos. Muchos de sus creadores figuran entre los escritores famosos que empezaron en la literatura infantil. Si te interesa cómo se relaciona este tipo con las grandes categorías de la literatura, te será útil qué son los géneros literarios.

Los personajes arquetípicos y sus funciones

Cambiemos de eje. Más allá del tipo de cuento, los personajes tienden a repetir un puñado de papeles o funciones. El folclorista Vladimir Propp ya describió, estudiando cuentos populares, un repertorio limitado de roles que reaparece una y otra vez. No hace falta usarlos todos ni en este orden: piénsalos como un estuche de piezas. Aquí los describimos como catálogo; para construir personajes propios con voz y matices, ve a cómo crear personajes para un cuento infantil.

El héroe o protagonista

Es quien sostiene la historia y por cuyos ojos la vivimos. Su función es desear algo, enfrentarse a un obstáculo y cambiar por el camino. No tiene por qué ser valiente desde el principio; a menudo lo interesante es precisamente su transformación. Cenicienta, Pinocho o el patito feo son protagonistas que arrancan en desventaja y crecen.

El antagonista

Encarna el obstáculo y genera el conflicto. Puede ser una persona (la madrastra, el lobo), una fuerza (una tormenta, el miedo) o incluso un rasgo del propio héroe. Su tarea no es ser malvado porque sí, sino poner a prueba al protagonista. Sin antagonista no hay tensión, y sin tensión el cuento se desinfla.

El ayudante o compañero

Acompaña al héroe y le presta apoyo en los momentos difíciles. Suele aportar habilidades que el protagonista no tiene, alivio cómico o simple compañía. Los ratones de Cenicienta, el grillo de Pinocho o el típico animal fiel cumplen este papel. El ayudante humaniza al héroe y le da con quién dialogar.

La figura sabia o mentor

Orienta, advierte y entrega conocimiento. Es el hada madrina, el anciano del bosque, el maestro. Aparece para empujar al héroe en la dirección correcta y, con frecuencia, se retira antes del clímax para que el protagonista resuelva por sí mismo. Su consejo vale más que su intervención directa.

El donante

Es quien proporciona el objeto o el poder mágico que permite avanzar: la varita, las botas, la llave, una palabra clave. A veces coincide con el mentor, pero su función es específica: dar algo. En El gato con botas, el propio gato actúa como agente que aporta los medios; en muchos cuentos, el donante pone una prueba antes de entregar el regalo.

El embaucador o trickster

Engaña, hace trampas y desordena las reglas, a veces a favor del héroe y a veces en su contra. Aporta humor, imprevisibilidad y giros. El gato con botas, el zorro astuto de las fábulas o cualquier pícaro que sobrevive por ingenio pertenecen a esta estirpe. El embaucador recuerda al lector que la inteligencia también es una forma de poder.

Checklist de referencia para situar tu historia

Antes de cerrar, una lista rápida para ubicar lo que estás leyendo o escribiendo dentro de este catálogo:

  • ¿De dónde viene? Tradicional/popular (sin autor fijo) o de autor (fantástico moderno, vida cotidiana).
  • ¿Para qué sirve? Entretener (aventuras), enseñar (fábula), calmar (buenas noches), reflejar emociones (vida cotidiana).
  • ¿Cómo es su mundo? Maravilloso (hadas, fantástico) o realista (vida cotidiana).
  • ¿Qué tono tiene? Mágico, didáctico, trepidante, sosegado o rítmico.
  • ¿Qué edad orientativa? Cruza el tono y la extensión con la tabla de arriba.
  • ¿Qué roles aparecen? Localiza héroe, antagonista, ayudante, mentor, donante y embaucador.
  • ¿Qué pieza falta? Si la historia se queda floja, suele faltar antagonista (no hay conflicto) o ayudante (el héroe está demasiado solo).

Con esta doble entrada —tipos por un lado, personajes por otro— tienes un mapa para leer con más criterio y para escribir con más opciones. Recuerda que las etiquetas están al servicio del relato, no al revés: lo importante es que la historia funcione, emocione y se quede en la memoria del niño.

Si ya tienes un cuento listo y te planteas darlo a conocer, en Mr. Momo puedes informarte sobre cómo publicar tu obra. Y para profundizar en la mecánica narrativa, vuelve a las partes de un cuento infantil y a cómo crear personajes para un cuento infantil.

Equipo editorial Mr. MomoAcompañamos a autoras y autores en cada paso de la publicación.