Porque «filosofía» no es una palabrota

Filosocuentos es una colección de cuentos infantiles que tiene la pretensión de acercar la Filosofía a los más pequeños. Su primer volumen, El Viaje de Daniela, está inspirado en la célebre frase de Sócrates «Solo sé que no sé nada» y ayuda a los niños a entender que el saber es una actitud, una búsqueda que debe estar presente durante toda nuestra vida.

Daniela es una niña que nunca sabe nada. No sabe si tiene calor o frío, o de qué sabor prefiere el helado. Nunca sabe nada. Este hecho le apena enormemente porque Daniela querría saber muchísimas cosas, como los demás niños. Sin embargo, una noche aparece en su habitación una extraña mujer que le hace entender que el conocimiento no consiste en saber muchas cosas. Daniela, sin saberlo, sí tenía algo que solo tienen los sabios: actitud.

La madre de Sócrates, Fenáreta, era comadrona y Sócrates afirmaba que él compartía oficio con ella; la única diferencia era que su madre ayudaba a dar a luz a bebés y él, a verdades. Sócrates creía que el conocimiento se encuentra en el interior del ser humano (innatismo), pues la verdad para ser única y cierta no puede proceder de las percepciones (que son relativas y singulares) sino de nuestra razón; y así elaboró un método que nos ayuda a «sacar» la verdad de nuestro interior. Dicho método, mayeútico, posee dos partes. La primera es la ironía y consiste en hacer una pregunta sencilla a alguien, por ejemplo «¿Qué es la belleza?». Ante una pregunta tan sencilla nadie, excepto Daniela, dudaría en responder; sin embargo, todas las posibles respuestas serían falsas, porque no estarían basadas en el concepto de belleza sino en las percepciones de las cosas singulares que nos rodean. Solo cuando seamos capaces de reconocer que no sabemos qué es la belleza estaríamos en posición de llegar a ella. La segunda parte comienza con el reconocimiento de la ignorancia y la búsqueda a nuestro interior para encontrar la verdad. Pues solo cuando sepa qué es la belleza podré saber si alguna cosa es bella.

Porque deberíamos intentar que los niños elaboren sus propias preguntas y no se limiten únicamente a responder a las preguntas planteadas. Ser capaz de elaborar preguntas posee el mismo valor (o más) que ser capaz de responderlas.

Su autora, Beatriz Álvaro Gómez, es filósofa de vocación y de profesión. Licenciada en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Gestión de Centros e Innovación Educativa por la UCJC. Profesora de Historia de la Filosofía y Teoría del Conocimiento. Coordinadora de Humanidades y Ciencias Sociales en SEK-El Castillo International School.